Súbditos de proxenetas

Dar una vuelta por Candelaria y Santa Fe es retornar a la prehistoria, calles coloniales, hoteles, restaurantes y bares emblemáticos, pero también extasiarse con lo oscuro de la decadencia humana. El centro alberga el oficio más antiguo del mundo, la prostitución; mujeres estimuladas desde niñas para satisfacer deseos sexuales, súbditas al designio de proxenetas.

Encontrar panfletos que refieren a personas desaparecidas vislumbra la esencia del infierno que en su momento fue arrasado, el Bronx, horrores a pocas manzanas de la casa de Nariño. En los operativos de 2016 se encontraron 140 menores de edad abusados sexualmente, también fueron atendidas 1.200 personas que por circunstancias adversas deambulan en la capital.

Desde hace tres años la sombra que posaba sobre el Bronx se trasladó a otros sectores, la calle sexta entre Mártires y Puente Aranda, el denominado caño, así mismo reemergieron grupos de habitantes de calle en otras localidades como Kennedy, Fontibón, Engativá y Bosa. Bandas de microtráfico controlan a estas personas, según el censo de esta población el 97% ingiere algún tipo de droga.

Bronx no solo irradió por lo putrefacto, dejo entrever que organizaciones públicas tenían injerencia en muchos aspectos, pero también describió la manipulación, menores de corta edad consumidos por el vicio e impregnados en delitos como simples marionetas. Causa curiosidad los estragos del consumo de sustancias alucinógenas, quienes actualmente son esclavos admiten el error de haber inhalado por merodeo, ejemplo claro para el depresivo. El deseo de adicción es tan fuerte que incurrir casi siempre es el único camino.

Esta forma de cáncer que carcome nuestra sociedad operada por proxenetas, traficantes y asesinos infunde terror, sin embargo, ser vigilantes ante eventos de microtráfico en colegios es una acción que empieza por los mismos padres de familia, denunciar actos podridos como estos es proteger a ingenuas criaturas que en su momento de raciocinio podrán tomar la decisión de rechazar marihuana, cocaína, bazuco, escopolamina entre otras sustancias que se fabrican hasta con jarabes. Ojalá, Bronx no sea otro episodio en las nuevas aglomeraciones que han surgido. Necesariamente las autoridades en conjunto con las organizaciones que amparan a los habitantes de calle, una población desprotegida atada al consumo, deben seguir insistiendo en la reinserción a la sociedad, tal cual como se hace con el combatiente de cualquier otro conflicto. Y no menos importante, detener las bandas de microtráfico que incitan al consumo incluso regalando caramelos es el punto clave para provenir que nuestros hijos terminen en la drogadicción.