Salida negociada

Posterior al 21N, la manifestación pacífica en contra del gobierno Duque, el caos por hordas de venezolanos quienes habrían aceptado desde $20.000 hasta $50.000 para sembrar intranquilidad e implementar saqueos ha generado dispersión, emergiendo el calificativo europeo que destroza naciones enteras, la xenofobia; repugnancia al inmigrante que busca subsistir a pesar de la precaria situación política y económica que afronta su país.

Desde hace décadas no se habían atiborrado los caminos que conducen a la Plaza de Bolívar, la movilización social por el descontento de políticas ambientales, sociales y económicas, el manejo del conflicto armado interno con los remanentes, la corrupción, la falta de protección a líderes sociales, campesinos, reinsertados y pueblos indígenas, la moción de censura del ministro de defensa tras el bombardeo ocurrido en San Vicente del Caguán; desvanes sin que el estado tome acciones, fueron detonantes apabullantes para que sindicales obreras, estudiantes, sociedad civil e incluso artistas apoyarán el Paro Nacional, manifestación que arrincono el poder en Colombia.

El gobierno Duque ahora en el ring, visto desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y Human Rights Watch (HRW), quienes piden explicación a los actos perpetrados por la fuerza pública, se ve obligado a escuchar las demandas sociales; el retiro del proyecto de ley de reforma tributaria, la derogatoria por la cual se crea el holding financiero y la estabilidad laboral, disolución del ESMAD, depuración de la Policía Nacional, entre otros. Algunos de los parámetros con los cuales las centrales obreras y la sociedad en común toman la olla por el mango, paisaje sonoro del cacerolazo registrado en Bogota, Medellín, Cali, Bucaramanga, Barranquilla, Cartagena y Tunja, entre otras ciudades.

La decisión de negociar es una oportunidad de extinguir este conflicto, la sociedad se siente reprimida ante la implementación arbitraria de nuevos decretos, la clase media agoniza con una imponente carga tributaria. La designación para los diálogos por parte del gobierno en cabeza de Angelino Garzon para apaciguar la hoguera, es quizás la solución a esta revuelta de un ramillete de temas insolubles. Ante este caos de destrucción, daños a estaciones de Transmilenio, influencers corrompidos por obtener más reputación, muertos, heridos, perjuicios al bien público y privado, es necesario buscar una salida negociada.

Tras el 4D se ha visto una atmósfera diferente en las calles, más organización para ir a la mesa de concertación, del 21N con unas 440.000 personas la cifra se redujo a unas 80.000 en el 4D, marchantes acérrimos apoyan un cambio sustancial, se reduce de manera significativa los índices de agresión entre las partes, lo que lleva a feliz término que comerciantes de todos los sectores aprovechen la temporada decembrina tras inclementes 15 días de perturbación social orquestada.