Proles tripartitas

Simplificando épocas de arcaicos digitales y posmilénicos viene a mi mente los ideales inconfundibles de aquellos que añoraban un futuro próspero trabajando en magnos emporios, ocupando cargos de alta alcurnia, idealizaban el futuro de sus hijos con una pensión tras décadas de labores sumisas; una generación equis atada a una vejes paupérrima, con naves de alta gama sin poder gozar por la ostentosa artritis en manos y rodillas.

Los tiempos cambian, archiconocidos del milenio ahora se toman los mejores oficios, sin dejar atrás la esencia de sus patriarcas. Ésta generación consigue las mejores posiciones sociales, adentrándose en la dirección administrativa de mercados superdotados por tecnologías de la información y las comunicaciones, así de prospero es el camino de la era millenials, personajes inimaginables llenos de fortalezas completos unicornios; impacientes por esquivar la rutina abrumadora que se ha posado en la sociedad tras la revolución industrial, desenvolviéndose ahora en un mundo netamente digital.

Pero a su vez otra fase natural supera todas las expectativas, chavales que expeditamente obtienen millones de dólares en torneos de fortnite (pasatiempo Gamer de supervivencia) inspirado en la era de la mensajería. Generación zeta; era de la vivacidad en la nube. Quedan atrás aquellos esquemas cuadriculados y sueños épicos, metas sencillas de conseguir para algunos como inalcanzables para otros. Mentes pobres de conocimiento así como geniales e intrépidas por conquistar hasta el último peldaño, al final, la mayor fortaleza está en construir, mantenerse elevado para vencer cuando la tormenta se cierra y el pálpito de corazones pre-púber se acelera por obtener una victoria magistral.

Pronto estaremos hasta el cuello, desplazamiento en busca de mejores oportunidades, urbes sobrepobladas, acuerdos inconclusos, tecnologías obsoletas, campos baldíos, gentes con hambre, youtobers peleándose por más views, realitys destemplados, potencias destruidas y calidades de vida difíciles de sostener. Ante tanta esencia, cerebros brillantes pierden sus principios deambulando por calles abarrotadas, en cambio otros sobresalen de las cenizas hasta convertirse en estrellas resplandecientes, puros ejemplos a seguir.

Después de la generación del millón, en un abecedario inconcluso, para 2030 vislumbramos otra concepción, la habremos criado con todo nuestro conocimiento ayudándoles a sortear obstáculos. Será ésta la prole de las máquinas… por fin nos encontramos con la realidad de los Connor, las máquinas gobernaran detrás de caparazones de metal, endoesqueletos formados por aleaciones de titanio, tungsteno y plomo. Alcanzaran nuestros descendientes una pensión, continuará la polémica por el medio ambiente donde adultos no saben responder a preguntas ingenuas.

Queda inconcluso este capítulo de enfoques inicuos y pensamientos prodigiosos llenos de crevasses, lo que sí es verídico es qué, inculcamos principios únicos, pilares de hormigón que reinaran sobre la generación que nos tocó ser o acompañar, de estos principios se desarticulan los nuevos dirigentes de naciones atiborradas de maleantes putrefactos y realidad artificial autosuficiente capaz incluso de reemplazarnos.