Bombas estrepitosas

Era un domingo como cualquier otro, 7 de diciembre de 1941, sin previo aviso Estados Unidos recibió un inminente ataque aéreo que acabó con una flotilla naval aparcada en Pearl Harbor; de esta forma Japón declaraba la guerra por el embargo petrolero impuesto por los americanos, una navidad perpleja para las fuerzas armadas y para el entonces presidente Franklin Roosevelt. Einstein por esos días escribiría al mandatario revelando la importancia del Uranio, no solo como fuente de energía, también como mecanismo para construir bombas extremadamente poderosas.

Así se circunscribo la segunda guerra mundial en la que centenares de militares y civiles de ambos bandos perecieron. Tras cuatro años de guerra Estados Unidos revelaría su potencial nuclear el 6 y 9 de agosto de 1945, el presidente Harry S. Truman autorizaba ataques nucleares contra Hiroshima y Nagasaki. La exposición a la radiación liberada habría matado en cuestión de días a 246 mil personas; la piel se despegaba en grandes pedazos, las corneas de los ojos se salían de sus cavidades y los labios se derretían. Horrores de corto y largo plazo, desde cáncer hasta alteraciones genéticas dieron paso, para el 15 de agosto feneció el Imperio japonés.

¿De qué me hablas, viejo?, Niñito y hombre gordo como fueron bautizadas las bombas, dieron paso a la exploración nuclear, armas letales en proceso de declive en la actualidad por Naciones Unidas. Así de atroz es el potencial de estos artefactos que se deja descolgar en cualquier conflicto, armatoste sinónimo de temor ante el perecimiento de todo ser que se aposta en su perímetro. Forma estruendosa contra esferas de cualquier gobierno, una realidad perpleja del acontecer colombiano que enfrenta un revés con la baja de una disidencia en San Vicente del Caguán (Caquetá), ataque en el que se ven involucrados ocho menores de edad, inocentes para unos y mercenarios para otros.

¿Qué supone uno?, Cualquier gobierno de turno se puede atribuir la victoria, las bombas no determinan sexo, edad ni convicción. Este tipo de armamento es de tal efecto devastador incluso contra la naturaleza; destruye hasta organismos minúsculos, pero también coloca en apuros a presidentes, ministros, concejales, senadores y cualquier otro jactancioso que por atreverse a suministrar opiniones escuetas resultan agredidos en sus intereses particulares. Estos son los efectos estrambóticos de las bombas que no necesariamente incluyen agregados nucleares, pero forman deterioro en cualquier asentamiento donde se ve con ojo clínico la baja periódica de líderes comunitarios.